venerdì 8 aprile 2011

Niebla en Bagdad. II Parte


Ahora que duelen las resacas y cortan como una navaja. 
Ahora que nadie nos saluda por los bares de Malasaña,
que pido auxilio, besos y comida por teléfono,
que fumo flores y lloro a veces mientras duermo.
Ahora que tiemblo como un niño abandonado.

Ahora que viejos amigos nos han traicionado

Ismael Serrano: Ahora (La Traición de Wendy, junio 2001)

8 de abril. Algo más de 11 de la mañana. “Los periodistas alojados en el hotel vieron como uno de los M1A Abrams giraba su torreta desde la otra orilla en dirección al hotel y, tras unos minutos, disparaba un proyectil que fue a impactar en el piso 15” (Joana García: “Es la Guerra” en José Couso, la mirada incómoda, 2004. Pág. 23) Paralelamente, Taras Protsyuk, periodista de la agencia Reuters, se dispone a registrar el extraño comportamiento de los tanques norteamericanos. “Lo importante es que alguien tiene que estar allí. Y que cada muerte de un periodista es un ataque frontal contra la libertad de información, un golpe en el vientre de la justicia” (V. Monteagudo) Un golpe en el vientre de la justicia... el mismo impacto que aquella primaveral mañana del 2003 recibió Protsyuk cuando el obús estadounidense hizo blanco en sus entrañas; el mismo impacto que hirió a la periodista libanesa Samia Najukl y a Paul Pasquale; el mismo impacto que apagó la cámara de José Couso para siempre.
Ahora que viejos amigos nos han traicionado”
Mientras, en España...
...en España, una opinión pública, dividida entre partidarios y detractores de una guerra apoyada por el Ejecutivo, lamentaba el fallecimiento de Julio Anguita Parrado, periodista empotrado del diario El Mundo, mientras la larga sombra de Julio Fuentes (1954-2001) sobrevolaba media España
Ahora que viejos amigos nos han traicionado”
Mientras, en las sedes de los principales partidos...
...los unos tratan de defender lo indefendible en relación a este sangriento juego posicionándose del lado ejecutor por motivos diplomáticos, al tiempo que los otros, quienes públicamente se posicionan del lado de la ciudadanía detractora, actúan cuales demagogos como bien se verá más adelante. Por aquel entonces, esta humilde servidora todavía jugaba con muñecas y frecuentaba la escuela primaria, pero conocía la injusticia de este mundo. Cuando tus líderes políticos hacen uso de las desgracias que asolan su país, nuestro país, para construir su propio programa electoral, es entonces cuando, tengas la edad que tengas, viene a tu mente siguiente ¿Es esto acaso la democracia? Años después, perdí la confianza en las promesas banales de estos, nuestros políticos.
Ahora que viejos amigos nos han traicionado”
Y hace apenas una semana...
hace apenas una semana me reafirmé. Javier Couso, durante su intervención en la conferencia “José Couso: 8 años después” repasó el caso de su hermano, deteniéndose en cada una de las querellas interpuestas así como los obstáculos que la justicia española puso, ha puesto y pondrán en su camino. “Es duro darte cuenta de que tus enemigos no son sólo ellos, sino también los tuyos propios” reconoció Couso. Es duro descubrir como aquellos que en su momento se hicieron los solemnes y fingieron preocuparse por el sufrimiento de las familias de las víctimas sólo te usaron para “hacerse la foto” y después te dieron de lado. “ La reunión fue una pérdida de tiempo -dice Javier Couso- Caamaño ni bajó”
Ahora que viejos amigos nos han traicionado”
Ahora que el periodismo es caspa; ahora que el fútbol no es deporte, es negocio; ahora que la información es entretenimiento; ahora que no cuestionamos la bazofia que consumimos; ahora que ser político supone surcar los cielos europeos alejados de la escoria turista que casualmente deposita su soberanía sobre mi; ahora que “las guerras venden gracias a la ley de la oferta y la demanda”; ahora que la justicia nos ha dado de lado; es ahora cuando debemos preocuparnos de una nueva crisis mundial, una crisis de gran magnitud que acabará por destruirnos. ¿La económica? No, señores. La moral.
Hoy, 8 de abril del 2011, se cumplen 8 años del ataque al Hotel Palestina, un aniversario que ojalá nunca se hubiese celebrado.

JOSÉ COUSO CRIMEN DE GUERRA. INVESTIGACIÓN Y JUSTICIA





giovedì 7 aprile 2011

Niebla en Bagdad. I Parte


“¿Y si es tan arriesgado, por qué vais a las guerras?” Todo el mundo nos lo pregunta estos días. La respuesta no es fácil. Algunos puede que vayan en busca de prestigio, otro por dinero, la mayoría porque de verdad amamos este oficio. En contra de lo que suele pensarse no abundan los locos ni los yonquis de sensaciones fuertes. La mayoría odiamos la guerra porque la conocemos. Y como solía decir Miguel Gil, el reportero español asesinado en Sierra Leona, nos limitamos a hacer de intermediarios entre el dolor y el olvido.
Pero eso no es lo importante. Lo importante es que alguien tiene que estar allí. Y que cada muerte de un periodista es un ataque frontal contra la libertad de información, un golpe en el vientre de la justicia, una victoria de la impunidad. Todos perdemos un testigo que persigue la verdad entre las mentiras de uno y otro bando. Eso es lo importante.
Miguel Gil lo sabía. Y Julio Fuentes. Y Anguita Parrado. Y José Couso. Por eso estaban allí”

Monteagudo, V. “Entre el dolor y el olvido” en José Couso. La mirada incómoda 2004

8 de abril de 2003. Minutos antes de las 8 de la mañana, un avión estadounidense lanza un misil aire-tierra sobre las sedes de las dos cadenas árabes presentes en la zona, Al Jazeera y Adu Dhabi, sesgando la vida del periodista jordano Tarek Ayub, hiriendo a su cámara y sepultando entre los escombros a 27 trabajadores. Según apuntan testigos oculares del suceso, el aparato desde el cual se procedió al ataque sobrevoló la zona hasta dos veces antes de cometer unos de los mayores atentados contra la libertad de información de los últimos siglos. Decimos atentado porque, como bien reconocería el editor jefe de Al Jazeera instantes después, la posibilidad de considerarlo accidente suena irrisoria: previendo posibles ataques como aquel que pretendió silenciar la voz de la guerra, la cadena árabe dejó a completa disposición del Pentágono las coordenadas exactas de su localización.
Tres horas más tarde, dos tanques M1A Abrams de la compañía A 64 del Regimiento Blindado avanzan con paso firme hasta las cercanías del puente de Jumhuriya, aquel que une las “dos” capitales iraquíes. A escasos metros se erige eفندق فلسطين -Hotel Palestina-, centro neurálgico de todos aquellos valientes que, cuando la deserción de corresponsales no había hecho más que empezar, siguieron manteniendo informado a un Occidente ávido de sangre a golpe de pluma y cámara.
Tres. Número sagrado “Lo corpóreo no tiene, fuera del número tres, ninguna otra magnitud; todo se determina por medio de la trinidad, pues el principio, el medio y el fin son el número del todo, que es el número tres” apunta Aristóteles (De Coelo I, I) Son tres las puntas del triángulo; tres las personas integrantes de un triángulo amoroso; tres las islas que conforman el Triángulo de las Bermudas. Tres eran las sedes informativas desde las cuales se desacreditaban las acciones impopulares de un ejército que ante tal descontrol, optó por la vía más fácil: aquella de la destrucción.
Acabar con tres señales en directo era mandar un aviso a los periodistas que no iban empotrados” afirmó Javier Couso, hermano del malogrado camarógrafo de Telecinco durante el coloquio “José Couso. 8 años después” “ Un Ejército y una nación no son capaces de mantener una guerra con población en contra” prosiguió el gallego “La pérdida del control de la información supone la pérdida de la guerra” En el transcurso de las últimas grandes guerras, el periodista ha perdido su carácter civil para antojarse objetivo militar. “Los periodistas somos civiles” proclamó la corresponsal Olga Rodríguez en relación a este aspecto.
No había batalla. Gira hacia el Hotel Palestina y tarda 10 minutos en disparar” El testimonio de Javier Couso resulta impactante por motivos obvios; sin embargo, el relato de Rodríguez eriza los vellos a más de uno en la sala. Corresponsal de la cadena Ser, décimas de segundo antes del ataque se encontraba en la terraza de su habitación en la planta 16 del Palestina “Vi como la metralla pasaba por delante de mis ojos” Su voz radiofónica, dulce, firme aunque con algún que otro matiz de ira, rememora lo acontecido aquel 8 de abril, aquel fatídico 8 de abril.